lunes, noviembre 30, 2009

Hannibal Lecter

El maravilloso personaje de Hannibal Lecter me ha enamorado y estoy consciente de los motivos. Es un niño quebrado por las circunstancias y por su gran capacidad de amar (ganas de protegerlo, de curarlo). Es un hombre tan inteligente que se las sabe todas, nada se le escapa (ganas de que rete mi ingenio, de que no me aburra jamás y me enseñe cosas). Su Yo, al no poder manejar su asombrosa inteligencia y su desmesurada capacidad de amor, asumió la locura total (ganas de enloquecer con él, de perder el sentido de la realidad). Es un ser humano de esencia artística; por lo tanto apasionado al límite (ganas de formar parte de sus creaciones, creatividad, de ser testigo de su genialidad y alimentarme de ella, ganas de que me analice, de que cocine para mí, de que me regale literatura y me haga parte de sus pasiones). Es una persona oscura, envuelta en una fatalidad siniestra (ganas de que reconozca nuestras coincidencias). Es atento, amante de los detalles, perfeccionista, sobrio y tiene un sentido del humor impecable (ganas voraces de todo eso). Es un hombre de actitud (ganas de que me conquiste). Psicoanálisis. Así ama una mujer, así amo yo.

A EdelG la visité varias veces este año. Me asustó, me hizo llorar, me hizo reír. Todas las veces me recibió con su misma sonrisa sorprendida, completamente feliz, con dientes o no. Todas las veces quiso que desayune rico, que almuerce bastante, que cene y pique cositas en caso de tener hambre. Todas las veces quiso regalarme alguna prenda especial de su ropero, la hacía muy feliz el hecho de pensar que yo disfrutaba usar su ropa. Todas las veces lloró al despedirme. Todas las veces tal vez la última vez. ¡Qué ruleta rusa!

La Literatura tiene algo imposible y excitante que funciona como droga de acción lenta que va mezclándose con la sangre hasta invadirla tanto que la reemplaza. Ergo, Literatura corre por las venas. Ergo, la Literatura alimenta, mantiene la vida. Ergo, cada texto escrito es un suicidio o quizá un idilio.

Un idilio como el de Lecter y Starling. ¿Un Hannibal para amar? Funcionará tal vez, me repito, funcionará si nos asola la fatalidad como a ellos. Entonces descubro que sí tengo un amante y que probablemente mi amante fatídico, mi Hannibal, sea nomás la Literatura y que el gran drama de esta relación sea la falta de piel y de aliento. Funciona.

Miedo, tema recurrente, reincidente. Autoanálisis, pecado de los psicólogos. Por el miedo no me entrego y prefiero enredarme sofocantemente en relaciones imposibles, para mantenerme a salvo, para no serle infiel a mi Hannibal, mi amado Hannibal. A mi EdelG le contaré de esto en la próxima visita, estoy segura de que no me dará las soluciones, pero por lo menos se adjudicará la tardea de “rezar por mí” para que no quede sola, para que no pase por la vida desconociendo el amor y eso me aliviará, porque sus rezos son como mis brujerías: funcionan.

El cuarto cigarrillo mentolado de la noche. Deberé contarle también que alguien amenaza con fuerza y que estoy en peligro; pero que es la misma historia de siempre, solo que con diferente rostro (uno especial), con otra piel (suave de tacto y aroma), otro color de ojos (diáfanos), otra fatalidad…

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hannibal es un cautivo…
Esperas a su evasión de la cárcel?